¿Cómo podemos avanzar de forma decisiva?

Traducido al español por Alex Vigo; click here for English version

En esta última década se han visto una gran variedad de importantes luchas y campañas de justicia social en Estados Unidos, tales como Occupy Wall Street y la lucha por la igualdad de la comunidad LGBTQ. Estamos viendo al 99% empezar a encontrar su voz política. Sin embargo, las luchas más punteras sobresalientes recientemente han sido la lucha en contra de la desigualdad, impulsada por los trabajadores de comida rápida, y el creciente movimiento en contra de la brutalidad policiaca. Black Lives Matter (BLM; las vidas de la gente negra importan) se ha propagado a nivel nacional desde la revuelta en Ferguson después del asesinato de Michael Brown el año pasado. Aunque limitadas, el movimiento BLM ha tenido victorias importantes. Por primera vez en muchos años han sometido cargos a oficiales de la policía por asesinar civiles. BLM ha abierto un debate público y ha tenido un gran efecto en el crecimiento de nuestra conciencia. También ha causado el surgimiento de nuevos activistas y líderes negros.

Esto nos lleva a preguntar: ¿cómo podemos desarrollar un movimiento sostenible que pueda seguir avanzando y empezar a encarar los problemas estructurales más profundos como la encarcelación masiva y la discriminación en los empleos, la vivienda y otras instituciones de la sociedad? Muchas de estas cuestiones acerca de cómo desarrollar movimientos son muy relevantes también para la lucha contra la opresión de las mujeres y la comunidad LGBTQ.

Los socialistas argumentamos que las grandes reformas se ganan como resultado de poderosos movimientos sociales. Cuanto más poderoso sea el movimiento, más se puede ganar. Sin embargo, cuanto más poderoso sea el movimiento, más resistencia habrá de la clase dirigente. Por eso para poder avanzar es importante desarrollar estrategias y tácticas dinámicas y exitosas. Por ejemplo, Socialist Alternative ha enfatizado la necesidad de conectar la furia de las comunidades oprimidas en cuestiones como la violencia policiaca con cuestiones económicas y sociales, tales como los bajos salarios, el desempleo, la falta de servicios sociales, los centros urbanos arruinados, la vivienda asequible, etc.

La lucha por reformas

Evidentemente, la clase dirigente está a la defensiva ante los ejemplos gráficos de asesinatos y brutalidad policiaca que han proliferado en la red, pero están divididos en esta cuestión. Es importante recordar que la encarcelación masiva al nivel de hoy en día es un fenómeno relativamente reciente. Es el resultado de la “guerra contra las drogas” que iniciaron Richard Nixon y los republicanos en los años 70, apoyada en gran medida por los demócratas.

Muchos de la clase dirigente consideran anticuados varios elementos de esta política y ven un beneficio económico en la reducción de prisioneros. Esto brinda al movimiento una oportunidad única para forzar a la clase dirigente a desmantelar partes clave de la política antidroga y de encarcelación masiva.

Police form a line in front of a building on fire during protests of the death of Freddie Gray in Baltimore, Maryland (Photo: EPA / Michael Reynolds)
La policía forma en line en frente al incendio de un edificio durante las protestas por la muerte de Freddie Gray en Baltimore, Maryland (Foto: EPA / Michael Reynolds)

El racismo ha sido una parte fundamental de la sociedad americana desde el comienzo. Se abolió la esclavitud con una guerra civil revolucionaria pero la discriminación económica y social contra los negros, respaldada por una represión despiadada, siguió firmemente arraigada. Se usó ideología racista para justificar el estatus quo y para prevenir la unión de los oprimidos en cuestión de clase. A pesar de declararnos una sociedad “postracial”, la realidad es que la clase dirigente no abandonará el racismo y sexismo institucional como tampoco abandonará la explotación económica, dado que son necesarios para su supervivencia. De hecho, al encararse a la furia creciente y a la revuelta incipiente de secciones de la clase trabajadora y los pobres, la clase dirigente tratará de debilitar el movimiento volviendo a usar represión directa y políticas racistas de “divide-y-vencerás”. Ya ha habido un alza en el uso de policías militarizados en contra de las protestas sociales en los últimos años.

¿Significa esto que no podremos avanzar reformas que directamente beneficien a la gente negra? Los socialistas decimos que sí podemos, pero la capacidad de avanzar reformas importantes dependerá de la fuerza, escala y determinación del movimiento. También dependerá en las potenciales divisiones de la clase dirigente y la determinación a resistir en la lucha.

Históricamente, los capitalistas han estado dispuestos, bajo suficiente presión, a conceder demandas, incluso de gran alcance, con el fin de por lo menos mantener el control de la sociedad. Sin embargo, no dudarán en actuar desmedidamente para recuperar todo lo concedido y mantener su capacidad de adquirir beneficios. Un desafío a su dominio, con base socialista, junto con un movimiento masivo de trabajadores, no sólo es una alternativa fundamental si no que también, nos permitiría ganar las mayores concesiones hoy.

Hay secciones de la clase dirigente que ahora están dispuestas reducir el número de prisioneros, reformar la política antidroga y hasta subir el salario mínimo a $15 la hora en algunas ciudades (aunque con límites). Con estas concesiones esperan apaciguar la furia causada por la desigualdad y posiblemente proveer un mercado de consumidores más robusto. En el caso del salario mínimo es mejor que lidiar con un movimiento serio de organización en uniones laborales. Aún así, estas concesiones podrían impulsar al movimiento a luchar por más.

Lecciones de luchas pasadas

La lucha para desmantelar el racismo institucional está atada al avance de reformas importantes. El movimiento de derechos civiles se fortaleció gracias al exitoso boicot de autobuses de Montgomery, la lucha para desegregar las cafeterías y la marcha en Selma. Estos dividieron abiertamente a la clase dirigente y demostraron la brutalidad del racismo estadounidense a una audiencia nacional e internacional. Pero lo más importante fue que alzó las esperanzas, las expectativas y el espíritu luchador de los trabajadores negros y la juventud.

El movimiento tuvo que ajustar sus estrategias y tácticas para lidiar con la resistencia de la clase dirigente. La evolución de Martin Luther King, Jr fue particularmente informativa. Hoy día varias figuras del establecimiento citan sus discursos iniciales, tales como “I Have A Dream”, para servir sus propios objetivos. Pero King, en los últimos años de su vida, trató de encontrar una mejor manera de combatir los aspectos más amplios del racismo estructural.

Leaders of March on Washington for Jobs & Freedom marching with signs (R-L): Rabbi Joachim Prinz, [unidentified], Eugene Carson Blake, Martin Luther King, Floyd McKissick, Matthew Ahmann & John Lewis. (Photo: Robert W. Kelley / The LIFE Picture Collection / Getty Images)
Líderes de la Marcha a Washington por Trabajos y Libertad marchando con signos (R-L): Rabbi Joachim Prinz, [sin identificar], Eugene Carson Blake, Martin Luther King, Floyd McKissick, Matthew Ahmann y John Lewis. (Foto: Robert W. Kelley / The LIFE Picture Collection / Getty Images)
King reconoció el vínculo entre los trabajadores pobres de todas las razas y la cuestión de la clase como elemento crucial con el cual podría erigir un movimiento más poderoso y ganar grandes concesiones. En el último año de su vida inició la Marcha de la Gente Pobre (Poor People’s March), una marcha multiracial hacia Washington y se unió a los trabajadores de saneamiento en huelga en Memphis. Lo asesinaron antes que se pudiera implementar a fondo esta nueva dirección. A pesar de que fuerzas más radicales, como los Black Panthers (Panteras Negras), siguieron la nueva dirección de King, los líderes convencionales del movimiento de derechos civiles rechazaron esta nueva estrategia. De hecho, tomaron la estrategia avanzada por el liderato del partido Demócrata: conceder avances limitados mientras se reprime a los elementos más radicales del movimiento. Depender en el partido Demócrata para avanzar reformas fue devastador para el movimiento de derechos civiles. Bajo un liderato más moderado, el movimiento perdió su poder independiente y se convirtió en sólo un grupo de presión del partido Demócrata, el mismo partido que se unió a los republicanos para desmantelar los avances de los movimientos sociales en los últimos 35 años.

Los socialistas apoyamos la conclusión primaria de King y los otros radicales como los Black Panthers; para poder desafiar seriamente al racismo institucional y las actitudes racistas hay que desarrollar un movimiento que abarque a toda la gente oprimida por el capitalismo, y para ello no se puede confiar en el partido Demócrata.

Luchar por reformas y desarrollar un movimiento de masa

Los socialistas vemos la explotación de clase como el aspecto esencial que unifica las experiencias de la gran mayoría de los sectores oprimidos de la sociedad. El capitalismo se aprovecha de los trabajadores al pagarles menos del valor de lo que producen con su trabajo. La gente negra, los latinos, las mujeres, los inmigrantes y la comunidad LGBTQ están concentrados desproporcionadamente en trabajos de bajos salarios. La explotación de trabajadores es un factor común que puede unir las luchas de todos esos grupos en contra de todas las formas de opresión bajo el capitalismo. Además, como parte de la clase trabajadora, todos estos grupos tienen el enorme poder potencial, dada su capacidad de dejar de trabajar parando el flujo de ganancia a los jefes.

El papel de una clase trabajadora unida en la lucha contra la opresión es esencial, ya que puede parar en seco la economía haciendo huelgas de sector y huelgas generales. Al organizarse en luchas enérgicas, la clase trabajadora puede unir a la gran mayoría de la población en un movimiento que no sólo podría lograr grandes reformas, sino que también podría acabar con el capitalismo. Para poder hacer esto, la clase trabajadora se tiene que movilizar en organizaciones luchadoras con un programa basado en las necesidades de los más oprimidos, tanto por la doble opresión que sufren en cuestiones específicas (como género, raza, país de origen etc.), como en sus necesidades como trabajadores.

Esta tarea de unir a la gente trabajadora está atada a la necesidad de mejorar la comprensión de los trabajadores blancos sobre el racismo y los efectos de las tácticas de “divide-y-vencerás” de la clase dirigente. El movimiento obrero necesita tomar acción al respecto.

La falta de un partido político independiente que represente a los trabajadores y a los pobres debilita seriamente la lucha contra los bajos salarios, la opresión y las ideas racistas dentro de la clase trabajadora. Esto ha dejado que las grandes empresas y el 0.1% domine el ámbito político. Al mismo tiempo, el movimiento obrero contemporáneo está en una situación mucho peor que antes y lleva cargando un liderato que ha evitado sistemáticamente cualquier tipo de lucha social y ha cometido el error de considerar a los demócratas como amigos.

A pesar de esto, la clase trabajadora ha estado resurgiendo en luchas contra los bajos salarios y la demanda de un salario mínimo de $15 la hora. Si unimos la lucha contra los bajos salarios con el movimiento en contra de la brutalidad policiaca y el racismo, podremos atraer a más personas a la lucha y elevar el nivel de conciencia en ambas cuestiones. El día nacional de acción de la Lucha por $15 el pasado 15 de abril fue la acción más grande y dinámica hasta entonces, específicamente porque los activistas de ambos movimientos se unieron.

El socialismo: una alternativa al capitalismo

Debe de ser cada vez más claro que el capitalismo y la clase dirigente no puede tolerar grandes reformas. De hecho, en comparación a los años 60, cuando la economía estadounidense crecía rápidamente, el ámbito para reformas serias hoy, bajo el marco impuesto por el sistema de lucro, es mucho más pequeño. Aún así, cada vez que ganamos una gran reforma, la clase dirigente actuó rápida y agresivamente para deshacerla lo más pronto posible. El deseo desmedido de lucrarse que guía al capitalismo beneficia solamente a una minoría de la sociedad. La misión es redistribuir el poder en la sociedad, fuera de la clase multimillonaria y los 200 bancos y corporaciones masivas que dominan la sociedad y ponerlo en las manos de la gran mayoría. Esto es el socialismo.

Occupy activists call for a general strike on May 1st, 2012 (Photo: AP / Ben Margot)
Activistas de Occupy demandando huelga general el 1º de Mayo, 2012 (Foto: AP / Ben Margot)

Cuando la gran mayoría (la clase trabajadora) administre la sociedad bajo control democrático y gerencia de los sitios de trabajo y comunidades, cuando tenga voz y voto en las decisiones importantes que les afecten y cuando se les quite el control de los medios y otras instituciones a los dueños de las megacorporaciones (el 0.01 %), entonces las políticas de la sociedad serán hechas e implementadas con los intereses de la gran mayoría en mente.

Cuando se saque el poder de las manos de la minoría, no habrá necesidad de discriminar por raza o género. Así podemos crear una sociedad sin opresión de sexo, género o sexualidad, cerciorándonos de que todos tengamos un trabajo que pague bien, vivienda y cuidado de salud de calidad y todas las necesidades esenciales de la vida a la misma vez que lidiamos con el cambio climático dirigiendo la economía lejos de la producción basada en combustibles fósiles.

En las fases más militantes del movimiento de liberación negra, al igual que con el movimiento obrero, la alternativa socialista al capitalismo ha sido un factor motivador decisivo para decenas de miles de activistas que han ejercido un papel clave en impulsar la lucha. Esto les permitió entender que la lucha por reformas es una parte integral de una lucha más general: crear una sociedad nueva que pueda erradicar la pobreza y la discriminación.

Llevando el movimiento hacia adelante hoy

Socialist Alternative ve que la clave para organizar luchas poderosas y exitosas es crear apoyo por un programa amplio y combativo. Este programa debe basarse en las necesidades reales del movimiento sin ser limitado por lo que el partido Demócrata considere aceptable o lo que se piense posible bajo el capitalismo.

Para lidiar con la encarcelación masiva y el racismo institucional, Socialist Alternative pide lo siguiente:

  • Acabar con la guerra contra las drogas. Despenalizar y legalizar el uso de marihuana. Tratar la adicción a las drogas con rehabilitación, no penalización. Excarcelar a las personas arrestadas por delitos de drogas no violentos y borrar el récord criminal, a la vez que se les restituyan los derechos a votar.
  • Control comunitario de todos los aspectos de la policía. La policía local debe ser supervisada por paneles comunitarios con poderes plenos que incluyan la política y los procedimientos del departamento de policía. A estos paneles deberían postularse candidatos independientes y antiracistas de organismos comunitarios o uniones laborales.

Sin embargo, también proponemos demandas que unan a mayores secciones de pobres y trabajadores al movimiento. Por ejemplo, pedimos trabajos de calidad garantizados con un salario mínimo de $15 la hora, al igual que una inversión a gran escala en educación y transporte público, salud y otros servicios económicos pagados con impuestos a los súper ricos y a las corporaciones.

Protesters take to the streets to bring attention to the push for justice in the Trayvon Martin case as they take over Rodeo Drive on July 17, 2013 in Beverly Hills, California (Photo: Jose Lopez)
Manifestantes toman las calles para atraer la atención pidiendo justicia en el caso de Trayvon Martin mientras toman la calle Rodeo Drive el 17 de Julio, 2013 en Beverly Hills, California (Foto: Jose Lopez)

Y con el fin de impulsar un nuevo movimiento de liberación negra, proponemos protestas coordinadas a nivel nacional contra el racismo, la violencia policiaca y la desigualdad económica.

La capacidad de unirnos bajo demandas claras y realizables que unan todas las luchas del 99% en todos los aspectos de opresión es la clave para ganar reformas. La capacidad de luchar por reformas y ganarlas es esencial no sólo por las reformas como tal, sino también porque brindan a la gente de un sentido de poder colectivo que les alienta a luchar por más. Estas luchas también ayudarán a crear una organización política coherente y un liderato para las luchas decisivas que están por venir en contra del sistema entero del capitalismo y el racismo estructural que lo fundamenta.