Debido a la crisis económica y de salud provocada por el coronavirus, más de 30 millones de estadounidenses han solicitado beneficios de desempleo en el intervalo de seis semanas. Esto subestima significativamente la situación. Millones que solicitaron beneficios de desempleo hace semanas todavía no han recibido pagos. Millones de trabajadores temporales o independientes, representando más del 30% de la fuerza laboral estadounidense, todavía están en el limbo a pesar de que el Congreso los incluyó en la expansión de beneficios de desempleo. Y millones de trabajadores indocumentados no tienen ninguna perspectiva de poder solicitar. 

Miedo generalizado de no poder pagar por productos esenciales como la comida ya es una realidad para muchos, ya que los bancos de alimentos se enfrentan con una demanda creciente y una escasez masiva. La mayoría de inquilinos en los EEUU no pudieron pagar el alquiler de abril a principios de mes, y los millones que dependen del dinero del paquete de estímulo para poder pagar el aquiler de mayo ahora están atravesando retrasos e incertidumbres acerca de cuándo o si verán dinero de estímulo. 

Mientras muchos trabajadores de primera línea y otros estamos pagando por esta crisis de salud con nuestras vidas, una crisis que podría haberse evitado, sumado al intenso miedo de millones de trabajadores al desastre económico, se ha abierto un debate en la sociedad estadounidense acerca de cuándo será seguro quitar las medidas de refugio en el lugar y volver a abrir negocios no esenciales.

Trump incita protestas reaccionarias 

Durante las últimas semanas, una pequeña pero muy prominente ola de protestas reaccionarias se ha difundido por el país, exigiendo que se quiten las restricciones para limitar la propagación de COVID-19. Estas protestas, que a menudo han ocurrido fuera de los edificios del capitolio estatal o las mansiones de los gobernadores, han presentado eslóganes como “vive libre o muere encerrado” y “dame libertad o dame COVID-19.” 

Mientras aprovechan las dificultades y los muy reales temores económicos , el grito de guerra de estas protestas es la impactante afirmación de que un aumento en las muertes de COVID-19 compensa los beneficios de reabrir la economía.

Estas manifestaciones reaccionarias y de derecha son una reflexión clara de la polarización política en la sociedad, pero no reflejan el sentimiento de las masas. De hecho, la gran mayoría de estadounidenses no creen que sea seguro levantar las medidas de refugio en el lugar. Una encuesta reciente del Washington Post determinó que sólo el 1% de las personas cree que ya es suficientemente seguro levantar las restricciones, un 9% adicional cree que sería seguro para fines de abril, y el 86% cree que no será seguro hasta fines de mayo o mucho más tarde.

Estas cifras no son una sorpresa, ya que los estados de todo el país continúan viendo sus días con récords de muertes y nuevos casos del coronavirus. Más de 20 estados ahora tienen más de 10.000 casos confirmados (8 tienen más de 30.000), aun cuando a muchos enfermos se les dice que se mantengan alejados de los hospitales y que se abstengan por completo de las pruebas debido a la incapacidad del sistema de salud con fines de lucro para tratar esta crisis. Cada vez más estadounidenses conocen a alguien que ha contraído o ha muerto por COVID-19, lo que hace que las medidas de salud actuales sean muy populares.

Las órdenes de refugio en el lugar, en las que más del 95% de los estadounidenses viven ahora, son necesarias para controlar la crisis de COVID-19 sólo debido a la mala conducta criminal de la clase dominante. Como señalan los ejemplos internacionales y los profesionales epidemiológicos, las pruebas agresivas y generalizadas desde el comienzo de esta crisis, con rastreo de contactos y cuarentenas donde ocurrieron brotes, podrían haber protegido a la gran mayoría de los enfermos y los que han muerto por COVID-19. Y con ello, la necesidad de bloqueos masivos podría haberse evitado en primer lugar.

A pesar de años de advertencias científicas, no existía un plan real para combatir una crisis de salud de esta magnitud. Un claro ejemplo de la completa falta de preparación, a menudo señalado por los trabajadores de atención médica de primera línea, es la absurda escasez  de equipos médicos necesarios para tratar a las personas con COVID-19, a pesar de miles de millones de dólares en ganancias anuales que van a la cima de la industria de la salud. El sistema de salud estadounidense, basado en las ganancias en lugar de la salud pública, ha empeorado esta crisis, y ha sido una de las causas de que las medidas severas a las que ahora se oponen secciones enteras de la clase dominante y las grandes empresas hayan sido necesarias.

Sobre la base de la salud pública y para salvar vidas, no hay duda de que obligar a las personas a volver al trabajo y levantar las medidas de coronavirus en esta etapa significa jugar con fuego. Quizás la oposición más prominente a las recientes protestas por el coronavirus ha sido el personal de atención médica de primera línea, que tendrán que tratar a quienes contraigan el coronavirus a raíz de levantar las órdenes de refugio en el lugar prematuramente. Existen varios modelos epidemiológicos, que hacen estimaciones sobre cuántas personas tienen probabilidad de enfermarse, necesitarán una cama de hospital o morirán por COVID-19, con diferentes versiones de la gravedad de esta primera ola de coronavirus en los EEUU. Sin embargo, todos estos modelos se basan en refugio en el lugar continuo y pruebas agresivas, ya que existe un amplio acuerdo científico que estas medidas son absolutamente centrales para prevenir un brote aún mayor.

La negligencia criminal de Trump

A pesar de estar en contradicción directa con los expertos en salud, con los científicos y con lo que la mayoría de los estadounidenses consideran necesarios, Trump ha apoyado y fomentado repetidamente las marginales protestas  reaccionarias para levantar las protecciones de COVID-19. Desde sus hiperbólicos tweets  que llaman a “LIBERAR” a los estados morados de las garras del refugio en el lugar, hasta  Stephen Moore, el asesor de la Casa Blanca, declarando repetidamente a estos manifestantes como “la moderna Rosa Parks”, la administración de Trump tiene el objetivo de mira en crear una estrecha base reaccionaria , apelando a los intereses corporativos e infundiendo confusión en torno a COVID-19.

No hay duda de que la prioridad de Trump es reabrir la economía sin tomar medidas que protejan a los trabajadores de COVID-19. Las plantas de procesamiento de carne se han convertido en un punto caliente a nivel nacional para la infección de coronavirus, tanto es así que se estima que el 33% de la capacidad de envasado de carne de los EEUU se ha destruido después de la infección masiva de la fuerza laboral con COVID-19 , lo que ha obligado a cerrar más de una docena de plantas. En lugar de tomar medidas drásticas para producir equipos de protección u obligar a las empresas a proporcionar condiciones de trabajo seguras, Trump ha invocado la Ley de Producción de Defensa, que exige que las plantas de procesamiento de carne se reabran y permanezcan abiertas, de inmediato. Este mandato se combina con proporcionar protección, de nuevo no para los propios trabajadores, sino para proteger a las empresas de la responsabilidad legal si los trabajadores contraen COVID-19 en el lugar de trabajo. Mientras tanto, los trabajadores de procesamiento de carne no tienen interés en regresar a estas peligrosas condiciones de trabajo . Uno preguntó sobre el plan de Trump, “Todavía estoy tratando de averiguar: ¿qué va a hacer, obligarlos a permanecer abiertos? ¿Forzar a la gente a ir a trabajar?” Esta situación está configurada para continuar las luchas en el lugar de trabajo que han sucedido durante esta crisis.

El enfoque desastroso de Trump a la crisis del coronavirus ya ha causado suficiente daño. Sin duda, la propagación constante de información errónea, por ejemplo indicando desde el principio que el coronavirus estaba bajo control en los EEUU o su reciente declaración de que inyectar desinfectante puede ser un tratamiento efectivo, ha contribuido al miedo y la confusión masivos sobre actual la crisis económica y de salud. Según algunos expertos en salud, hasta el 90% de las muertes por COVID-19 en los EEUU podrían haberse evitado si Trump hubiera promulgado medidas de distanciamiento social sólo dos semanas antes. Incluso al comienzo de la crisis, el gobierno de Trump falló de manera desastrosa en proporcionar los recursos de prueba necesarios que podrían haber permitido que esto se contuviera con un costo mucho menor para la sociedad.

La clase dominante exige que los trabajadores arriesguen sus vidas 

Aunque algunas secciones de las grandes empresas y la clase dominante han reconocido que levantar los bloqueos ahora empeorará las consecuencias económicas del coronavirus, secciones importantes están al unísono con Trump. El liderazgo de la NRA (Asociación Nacional del Rifle) desde el principio describió las medidas de salud como una infracción de la segunda enmienda. Elon Musk, que refleja de manera más transparente  la prioridad de las ganancias corporativas, ha reclamado “LIBERACIÓN DE AMÉRICA AHORA” en oposición a las órdenes de refugio en el lugar.

En los últimos días, una serie de gobernadores estatales rápidamente han anunciado el levantamiento de las medidas de salud, la reapertura de muchos negocios no esenciales y el regreso de los trabajadores al trabajo aún en medio de esta pandemia. En Georgia, el mismo día en que se confirmaron 1.200 nuevos casos de coronavirus, el gobernador Kemp anunció la reapertura de restaurantes, salones de masajes, boleras, tiendas de tatuajes, peluquerías y cines.

El mismo día, el gobernador de Carolina del Sur, McMaster, apoyó abiertamente las protestas que llamaban a levantar las medidas de salud y anunció la reapertura inmediata de empresas minoristas en todo el estado. Las playas de Florida se han reabierto, las empresas turísticas locales como campos de golf y tiendas de pesca están reabriendo en Minnesota, y Colorado está reabriendo algunos sectores, como las peluquerías.

Bajo el refugio en el lugar, la gente común enfrenta problemas económicos, también está sufriendo impactos negativos en la salud mental debido al aislamiento y al miedo. Esta realidad está siendo explotada por secciones de la clase dominante, que por encima de todo quieren salvar las ganancias de las empresas y hacer que los trabajadores vuelvan al trabajo, incluso si eso significa más muertes por COVID-19.

Quizás no haya un ejemplo más evidente de esto que la declaración de la alcaldesa de Las Vegas Carolyn Goodman, quien ofreció a los trabajadores de Las Vegas como “grupo de control” para el coronavirus. En una entrevista con Anderson Cooper, sorprendentemente declaró  que se necesitaba un grupo de control, y que “le encantaría” que los trabajadores de Las Vegas fueran vacunados con placebo y vuelvan a trabajar, para probar si estas medidas serían efectivas en otros lugares. Sin embargo, cuando se le preguntó si ella realmente iría a los casinos junto con los trabajadores para formar parte también de ese grupo de control, respondió: “Disculpe, tengo una familia”.

El capitalismo empeora esta crisis

La administración de Trump y grandes sectores de la clase dominante achacan la crisis económica a las medidas tomadas para salvar las vidas de los trabajadores. A pesar de recibir uno de los rescates corporativos más grandes en la historia de Estados Unidos, estas fuerzas están luchando para volver a poner a los trabajadores no esenciales en el trabajo, poniendo en peligro sus vidas y arriesgando una segunda ola masiva de COVID-19 en los Estados Unidos. Sin duda, esto ha influido en una pequeña sección de la sociedad para llevar a cabo protestas reaccionarias que exigen lo mismo.

La causa de las condiciones catastróficas a las que se enfrentan los trabajadores es el sistema con fines de lucro. Mientras millones de estadounidenses se enfrentan al desempleo, el hambre y la inseguridad de la vivienda, los multimillonarios en los EEUU han aumentado su riqueza en un 10% durante esta crisis. De hecho, algunos de los multimillonarios más destacados han agregado literalmente miles de millones  a su patrimonio neto gracias a las ganancias del coronavirus. Lo que ha sido brutalmente expuesto es un sistema que protege la riqueza de los  directores ejecutivos y corporaciones por encima de todo.

En lugar de atroces rescates corporativos, todos los trabajadores de primera línea deben recibir un pago de riesgo de tiempo y medio junto con el pago completo para los que se enferman o tienen que cuidar a la familia. En lugar de que los ricos se enriquezcan con esta crisis de salud, necesitamos una suspensión total de los alquileres, hipotecas y facturas por suministros básicos sin penalización ni requisito de pagar a los propietarios o proveedores. En lugar de que la clase trabajadora pague por esta crisis, necesitamos $2.000 cada mes de pagos gubernamentales para todos, recaudados con impuestos sobre los multimillonarios y las grandes corporaciones.

Hace dos semanas, Socialist Alternative (ASI en los EEUU) abordó la cuestión de cómo reabrir la economía:

“Por supuesto, la actividad económica debe reabrirse en algún momento, pero ¿en qué condiciones, en interés de quién y cómo se toman estas decisiones? Los representantes de los trabajadores en sectores clave, desde la manufactura hasta la educación, deben tener voz y voto directos en este proceso. Reabrir la economía no se trata solo de “aplanar la curva” del virus. Debe estar vinculado a una estrategia clara, priorizando la vida y la salud de los trabajadores, y con recursos reales para enfrentar nuevos brotes que son inevitables.”

El problema es precisamente que el gobierno federal no ha presentado un plan creíble con recursos reales sobre cómo se realizarán las pruebas masivas junto con el rastreo de contactos. En la mayoría de los estados la curva no ha sido “aplanada” significativamente. En este momento, no hay ninguna razón para confiar en las afirmaciones de que los estados están “listos”.

Sin duda, la riqueza necesaria para proporcionar un salvavidas a todos durante esta crisis de salud ya existe en la sociedad. Es por eso que, como socialistas, creemos que el capitalismo ha hecho que la crisis de COVID-19 sea infinitamente peor de lo necesario. Luchamos por un sistema que funcione para priorizar la salud y el bienestar de las personas trabajadoras por encima de todo.

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