Sólo semanas tras la inauguración de Trump, Immigration and Customs Enforcement (ICE, o coloquialmente la migra) comenzó una campaña a lo largo de varios estados que resulto en la detención de más de 700 inmigrantes indocumentados en cuestión de días. Memorandos del departamento de Homeland Security (DHS) han indicado que se quiere crear un ambiente hostil, favorable para agrandar la maquinaria de deportación existente. Se planea la contratación de 10,000 oficiales de inmigración y 5,000 agentes de patrulla fronteriza. La administración también planea “publicar los crímenes de los indocumentados y quitarles sus protecciones a la privacidad, planea usar a los agentes locales de policía para aplicar las leyes federales migratorias, construir nuevos campos de detención, desanimar a los que buscan asilo y sobre todo acelerar los procesos de deportación.” (NYTimes, 2/21/2017)

Los memos de DHS también indican que se va a agrandar la definición de inmigrantes “retirables”, y los sujetos a deportaciones exprés, incluyendo la eliminación del derecho a una audiencia. Esto se solía aplicar sólo a los inmigrantes que entraron en los últimos 14 días, plazo que se quiere expandir a dos años. Los memorandos también dan directivas para incluir en estas categorías no sólo crímenes serios sino también ofensas menores como conducir sin licencia o estar en los EE.UU. sin los documentos adecuados. Los memorandos llegan al extremo de sugerir perseguir a los inmigrantes con tarjetas verdes u otros visados, y también encausar a los padres que intenten traer a sus hijos al país.

Se espera sean revividos y expandidos programas como el de “Comunidades Seguras” (Washington Post, 10/1/2010), que fuerzan a las cárceles locales a enviar huellas dactilares de los arrestados a bases de datos de ICE, así como el programa 287(G) que delega funciones migratorias en la policía. Esto también incluye el programa E-Verify de comprobación rápida de estatus migratorio al aplicar a un trabajo.

Aunque quizás la decisión más provocadora sea la de movilizar a 100,000 guardias nacionales para que actúen como policía migratoria. La casa blanca niega que esto esté confirmado, pero los memorandos filtrados del secretario John Kelly no dejan lugar a duda que se le está dando una consideración seria.

De Obama, el deportador-en-jefe a la política de tierra quemada de Trump

Esta escalada tan rápida sólo ha sido posible porque la base para ello ya había sido creado por las anteriores administraciones de Bush y sobre todo de Obama. César Vargas, el co-director de la DREAM Action Coalition de Nueva York dijo que “estamos viendo a Donald Trump tomar las llaves de una maquinaria de deportación agresiva, creada por el presidente Obama, y llevarla a más de cien millas la hora.” (Democracy Now, 2/22/2017)

La administración Obama tiene el triste récord de deportar más inmigrantes que todas las administraciones anteriores juntas. Esto fue llevado a cabo bajo el disfraz de realizar una reforma migratoria exhaustiva, más aceptable para los Republicanos que solo se preocupan de la ejecución de sentencias y la seguridad fronteriza, y no consiguió más que separar a familias y regresar a trabajadores a las economías desoladas y los regímenes represivos de los que habían escapado. La escala de esta injusticia solo se llega a entender cuando nos damos cuenta que la necesidad de inmigrar a EE.UU. ha sido creada por décadas de política económica imperialista que ha arruinado no sólo economías sino también las libertades democráticas con el único propósito de aumentar los beneficios de las multinacionales basadas en EEUU.

Ciudades santuario y falsas promesas

La cruel movilización de la maquinaria de deportación por parte de la administración Trump ha creado una atmósfera volátil, de miedo, rabia y determinación a luchar. Ya hemos visto protestas masivas en contra de las restricciones de entrada a musulmanes, y un escalamiento hasta el 16 de febrero, “día sin inmigrantes y refugiados”, que, aun pequeño en escala vio el cierre de lugares de trabajo y mostró el potencial que futuras acciones pueden adquirir. Necesitamos todos estos elementos para volver al nivel que la lucha por los derechos migratorios adquirió con las marchas de 2006.

Sintiendo el fuego del apoyo a la lucha de los derechos migratorios bajo sus pies, y sabiendo que esta vez las familias migrantes no estarán solas en la lucha, un gran número de políticos del partido Demócrata están realizando declaraciones desafiantes: sus ciudades serán santuarios para inmigrantes. Esto incluye los alcaldes y jefes de policía de Los Ángeles, Oakland, Chicago, Minneapolis, San Francisco y Seattle. Desafortunadamente, muchos de estos alcaldes sólo están respondiendo al sentimiento de las masas, y realizando promesas que no están preparados a realizar.

La frase “ciudad santuario” puede conjurar en nuestras mentes el sueño de un lugar donde los inmigrantes pueden encontrar refugio y protección ante los agentes de ICE. Sin embargo, la definición legal es otra: que la policía y los agentes locales de seguridad no actuarán como agentes migratorios y no detendrán a inmigrantes en nombre del gobierno federal. No quiere decir que estos agentes vayan a bloquear las redadas de ICE o vayan a proteger a los inmigrantes en peligro de deportación.

Si los alcaldes fueran realmente serios sobre declarar a sus ciudades como santuarios, deben hacer mucho más para crear obstáculos serios para los agentes de ICE. Necesitan parar el proceso mucho antes, parar las políticas racistas de encarcelamiento masivo y las políticas de ventanas rotas. Deben encomendarse enteramente a guardar de manera segura la información personal que pueda ser usada por ICE y mantenerla fuera de sus manos, llegando a destruir registros si fuera necesario. Y si se diera el caso, negarse a enviar a la policía contra los movimientos sociales que movilicen de manera masiva una desobediencia civil no violenta para bloquear algunas de las actividades de ICE.

Trump ha amenazado con cortar los fondos federales y con acciones legales contra las ciudades santuario. Pero las ciudades pueden luchar en contra de esto expandiendo su autoridad para subirle los impuestos a las grandes fortunas y corporaciones. Cualquier figura política que presione de manera sincera en esta dirección será apoyada por muchas organizaciones.

Poco apoyo a las deportaciones masivas

Las encuestas a la salida de las elecciones de noviembre mostraban que el 70% de votantes creía que “los inmigrantes indocumentados trabajando en EE.UU. deberían ser ofrecidos un estatus legal” y no la deportación (CNN.com, 11/23/2016). Necesitamos construir sobre eso, y mostrar que un movimiento de todos los trabajadores/as, sin importar el estatus legal, puede derribar a Trump. Millones de inmigrantes, si se organizan con los sindicatos, podría dar un impulso poderoso que reviva el anémico movimiento sindical.

Una derrota de Trump en materia migratoria sería un golpe del que no se podría recuperar fácilmente. La inmigración era la propuesta estrella de su campaña, la que usó para alcanzar la notoriedad que le dio la victoria. Esto significa que todos los que quieran parar los ataques de Trump a las mujeres, a la justicia racial, los derechos LGTBQ, los derechos laborales y los servicios sociales tiene una razón concreta para unirse a nuestros hermanos y hermanas inmigrantes, más allá de una solidaridad altruista. Empieza por darle garra y sangre al viejo canto obrero “Un ataque a uno es un ataque a todos”.

Salgamos a las calles para las huelgas y protestas de May Day

Nuestros movimientos masivos e independientes junto con los sindicatos necesitarán crear la ola de presión mediante protestas masivas y acciones directas que incluyan barricadas y huelgas. Este primero de mayo, día del trabajador, ofrece una oportunidad excelente para organizar huelgas masivas donde sea posible. Necesitamos estar seguros que nuestros hermanos/as inmigrantes no estén solos. No podemos confiar en el partido Demócrata, controlado por los intereses de las grandes corporaciones.

En vez de eso necesitamos construir un movimiento masivo unido, independiente y sostenido para hacer frente a Trump, al racismo, sexismo, homofobia, la clase billonaria y al capitalismo. Esto incluye construir un partido nuevo del 99% con un programa socialista que defienda sin titubear a todos los que son atacados por Trump, y que vaya aún más lejos para construir un movimiento que luche por todos los obreros

  • ¡Un ataque a uno es un ataque a todos! Todos/as a defender a musulmanes, inmigrantes, mujeres, negros, los derechos de los trabajadores/as y derechos democráticos.
  • ¡No a la cooperación con la maquinaria de deportación de Trump! Por las auténticas ciudades santuario. Fin de la política de ventanas rotas.
  • Por el escalamiento de las protestas masivas, incluyendo huelgas el ocho de marzo y el primero de mayo para parar a Trump. Llamamos a todas las organizaciones masivas, en especial a los sindicatos, a tomar la iniciativa y preparar sistemáticamente una movilización de toda la gente opuesta a Trump.