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En los últimos años ha llegado en los Estados Unidos una ola masiva de inmigrantes de todas partes del mundo, sobre todo de Latino américa. Los políticos y los periodistas como Lou Dobbs de CNN continuamente atacan a los trabajadores sin papeles denominándolos “ilegales” y “criminales.”

Los criminales verdaderos, sin embargo, no son los inmigrantes sino los grandes capitalistas y los políticos de Washington cuya política extranjera no ha hecho más que saquear los recursos naturales y explotar los trabajadores de países pobres, mientras promueven la guerra. Esta es la política que engendra la pobreza abyecta y la devastación social por todas partes del mundo neo-colonial lo cual obliga a millones de trabajadores a huir de sus países de origen en busca de trabajo en los EEUU. Mientras las empresas estadounidenses registran un récord de lucro, 128 millones de personas viven con menos de $2 al día en Latinoamérica (USAID.org). Más de 130 millones de personas no tienen acceso al agua potable y solamente 1 de cada 6 personas disfrutan de los servicios sanitarios (NACLA.org).

Las grandes empresas estadounidenses abren negocios por todas partes del mundo, buscando la mano de obra más barata. Afirman que en un mundo globalizado el “libre comercio” es necesario y que el capital debe poder trasladarse a cualquier país del mundo bajo las mejores condiciones de mercado. Sin embargo, estas mismas personas se oponen al derecho del trabajador a mudarse con esa misma libertad.

La aprobación de NAFTA (El Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte) en 1994, bajo el mandato del presidente Bill Clinton, permitió que las empresas americanas intensificaran los ataques contra la clase obrera para despedir a los obreros sindicalizados en los EEUU y establecer maquilladoras a través de la frontera Mexicana.

Millones de empobrecidos campesinos mexicanos han llegado a bancarrota después de ser forzados a competir con las empresas agrícolas subsidiadas de los Estados Unidos (los cuales, por su parte, depende del trabajo barato de inmigrantes mejicanos que reciben sueldos menos que el salario mínimo oficial).

La mayoría de los trabajadores inmigrantes no quieren irse de su país de origen. Suelen preferir quedarse con sus familias donde conocen la lengua y la cultura. Los riesgos que corren al cruzar la frontera son muchos: la muerte en el desierto, el sofoco y la inanición en los envases de transporte comercial. También sufren del secuestro y explotación de los contrabandistas.

Los inmigrantes solo vienen a los EEUU por pura necesidad económica. Vienen con la esperanza de ganarse una vida mejor para sus familias – una meta que comparten con los trabajadores estadounidenses. Pero esta meta contradice directamente la lógica del capitalismo y el deseo de los grandes negocios quienes sólo se preocupan en maximizar su lucro.

No podemos permitir que las fronteras ni las diferencias nacionales nos dividan. En realidad, los trabajadores de todos los países tienen más en común entre sí que con los jefes de sus propios países. Nuestra lucha es internacional, se organiza en contra de las empresas que pretenden aumentar su lucro usando la estrategia de dividir a los trabajadores de diferentes países en una carrera que en verdad es una callejón sin salida.

Si las empresas consiguen bajar los sueldos en México y en la China o de los inmigrantes en los EEUU, entonces esas empresas se ven en una posición más fácil para demandar que los trabajadores de los EEUU acepten las mismas concesiones que son justificadas con la excusa de la necesidad de “competir”. Este fenómeno se ve claramente desde la industria automotriz hasta el desarrollo de las industrias electrónicas.

¡Construyamos el Movimiento Obrero Latinoamericano!
La pobreza masiva se extiende por todo el tercer mundo significa que, a pesar de cuántos muros se construyan y cuántas leyes anti-inmigrantes se aprueben, millones de trabajadores desesperados encontrarán una entrada en los EEUU y a otros países más industrializados. Estos trabajadores buscan una vida mejor y las empresas multinacionales solo quieren subcontratar la mayor cantidad de trabajos posibles para aprovecharse de la labor barata en los países pobres.

La única respuesta responsable es construir un movimiento laboral en México y en Latinoamérica para luchar por trabajos decentes y una major calidad de vida. El movimiento sindical estadounidense necesita una perspectiva internacionalista para movilizar sus recursos masivos- recursos humanos, financieros, y políticos- para construir un movimiento obrero más fuerte en México y Latinoamérica.

Un movimiento obrero que lucha en Latinoamérica rápidamente se vería obligado a desafiar los limites del sistema capitalista en el mundo neo-colonial y tambien resistiría al imperialismo estadounidense, según ha ocurrido varias veces.

Por eso hace falta que el movimiento obrero se arme con un programa claro y una estrategia para derrocar el capitalismo y reemplazarlo con un sistema socialista en el que la clase trabajadora tenga control democrático de los lugares de trabajo y los recursos de la sociedad.

En vez de dejar que las empresas exploten a los trabajadores y los recursos a fin de obtener el mayor lucro para los dueños; los trabajadores de Latinoamérica deberían usar la riqueza de la sociedad para crear más trabajos, escuelas, hospitales, servicios públicos y una infraestructura mejor.

La influencia potencial de tales políticas se ven claramente en Venezuela, donde el gobierno izquierdista de Hugo Chávez ha utilizado los ingresos de petróleo para beneficiar a los obreros y los campesinos en vez de enriquecer a la elite, como era la antigua tradición. Sin embargo, la revolución venezolana desafortunadamente no se ha llevado a cabo por completo, tampoco el derrocamiento del capitalismo. No ha empleado el socialismo democrático. Las reformas del gobierno son limitadas y precarias porque a la misma vez, los capitalistas venezolanos y el imperialismo preparan una contrarrevolución.

El socialismo internacional es la solución
Mientras algunos afirman que la globalización significa el fin del estado nacional, la realidad es que el capitalista realmente necesita las fronteras nacionales y los estados. La burguesía americana utiliza el gobierno estadounidense para imponer sus intereses- por eso los capitalistas gastan grandes cantidades de dinero para presionar y influir a los políticos.

Las grandes empresas necesitan su propio estado nacional y su propio ejército para defender sus intereses al nivel internacional y contra la competencia que surge como resultado de la necesidad de controlar los mercados y los recursos mundiales.

Por ejemplo, los capitalistas estadounidenses recientemente participaron en una disputa a cerca de la invasión de Irak con sus competidores en Francia, Alemania, y China. El imperialismo estadounidense se salió con la suya por encima de esos países utilizando su poder militar para derrocar el régimen de Saddám con la intención de controlar el petróleo iraquí y para imponer su voluntad por todo el Medio Oriente. Hoy se ven claramente las tensiones de comercio entre los EEUU, China y Europa.

Al mismo tiempo, las grandes empresas necesitan un aparato estatal- la policía, el ejercito, los tribunales y las cárceles son necesarias para prevenir que la clase trabajadora y los oprimidos de EEUU se levanten en rebelión. Sólo hay que considerar, por ejemplo, la racista “guerra contra las drogas” que ha resultado en la criminalización de una generación entera de jóvenes afro-americanos y latinos. Otro ejemplo clave es la represión brutal del movimiento para los derechos civiles de los años 60.

El estado nacional, que en algún momento dada la historia desempeñó el papel de desarrollar la economía y la sociedad, ahora se ha convertido en un obstáculo tremendo que impide el desarrollo futuro de la sociedad. Con la extensión del capitalismo a nivel mundial, nuestra sociedad y nuestra economía están cada vez más integrados. La pobreza, la guerra y el calentamiento del planeta son problemas internacionales que no pueden ser resueltos con una estrategia estrictamente doméstica. La coordinación internacional y la planificación de la economía son necesarios para avanzar los intereses del los trabajadores.

Sin embargo, la división constante entre las naciones a causa de la competencia económica hacen imposible la colaboración auténtica y productiva a nivel mundial. Pero existe una fuerza social cuyos intereses materiales hacen que la organización y la colaboración económica internacional sean obligatorias: esta fuerza es la clase trabajadora. Esta clase está unida económicamente y socialmente por naturaleza a causa de la lógica del capitalismo mundial. La clase trabajadora internacional está unida por los intereses compartidos y la lucha contra el enemigo común.

Al tomar el poder, la clase trabajadora podría librar la economía y la sociedad de los limites artificiales impuestos por las fronteras nacionales que el capitalismo ha establecido. Un plan socialista y democrático uniría los EEUU, Canadá, y México con el resto de Latinoamérica en una confederación voluntaria y socialista de las Américas para compartir los recursos, conocimiento y la tecnología.

Tal confederación socialista de las Americas serviría de base para asegurar mejores condiciones para la clase trabajadora en los dos continentes mientras que también protegería al medio ambiente. La gente dejaría de ser forzada a salir de sus países por motivos económicos y el viaje a través de las fronteras no sería algo atemorizante.

Solamente la lucha por un mundo socialista puede acabar con este sistema capitalista brutal que hace que los trabajadores se opongan entre sí mismos, nos quita los derechos y disminuye nuestra calidad de vida. Si los trabajadores del mundo se unen, lo único que pueden perder son sus cadenas.

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