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Por Carlos Petroni | |||
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Después de semanas de exposición involuntaria de la podredumbre del sistema que la clase dominante llama "democracia", tanto los demócratas como los republicanos se han quedado con no mucho más que una operación de "control del daño". Las elecciones expusieron los métodos fraudulentos, las maniobras ilegales, la decepción, la mentira y la exclusión sistemática del proceso electoral de millones de personas ante los ojos del pueblo de los Estados Unidos y del mundo. Al verse contra las cuerdas, el escrupulosamente planeado sistema electoral que sólo sirve a unos pocos y poderosos se dió por vencido frente a los actos mas masivos que de costumbre a medida que las elecciones se aproximaban, con millones de votantes tratando de encontrar la "diferencia" entre Gore y Bush, y presionado por los constantes ataques que llegaban desde la izquierda de la campaña de Nader.
En medio de este desastre, también nos enfrentamos a un nuevo gobierno inusualmente débil; un gobierno que o bien deberá desarrollar cualquier plan basándose estrictamente en el sistema bipartidista o que se deberá enfrentar a un estancamiento y una parálisis crónicas. El senador Torricelli lo expresó claramente cuando dijo que el próximo gobierno va a ser la "versión americana de la co-habitación". Con ambas cámaras, congreso y senado, virtualmente divididas por la mitad y con sólo unos pocos votos separando a los demócratas y a los republicanos, la centro-derecha de los dos partidos se verá obligada a la co-habitación. Esta situación empujará tanto a la derecha de los republicanos como al ala liberal de los demócratas a la negociación, haciéndolos priorizar los acuerdos que puedan mover los negocios de la economía en general y lidiar con los tratados internacionales y la crisis política. La mayoría de los temas discutidos por Bush y Gore durante la campaña electoral - tales como la seguridad social, prescripción de medicinas, seguro de salud, recorte de impuestos y la reforma en las finanzas de las campañas electorales - sólo serán resueltos en la medida en que se les trate bajo el estricto sistema de compromiso bipartidista; de lo contrario deberán esperar hasta las elecciones de intermedias del 2002. Las "diferencias" entre los dos partidos que el ala liberal de los demócratas usaron como armas contra Nader durante la campaña electoral - nombramientos en la Corte Suprema, Roe contra Wade, mayores recortes en la red de seguridad, derechos de la comunidad gay/lesbiana, etc. - serán puestos de lado y "resueltos" bajo la política de "No preguntar, No decir" o a través del acuerdo bipartidista. De la misma manera serán pospuestos los pequeños puntos de la derecha republicana, tales como los ataques contra los immigrantes, los cupones escolares, la privatización de la escuela pública, el rezo en las escuelas, etc. El electorado ya estaba hasta cierto punto polarizado alrededor de estos temas, y tanto liberales como derechistas sentirán la presión en este caso sobre el sistema bipartidista y también se fortalecerá la posibilidad de más rupturas hacia la izquierda del partido demócrata - continuando lo que comenzó con la campaña de Nader - y tal vez hasta provocando un efecto espejo hacia la derecha en el partido republicano. Los próximos cuatro años seran decisivos tanto para los trabajadores como para los oprimidos. La espada de Damócles de una posible crisis económica esta todavía pendiente sobre los Estados Unidos. La profundización del proceso de radicalización entre los jóvenes se combinará con luchas mas a la ofensiva por parte de los trabajadores, las que ya se ven claramente como en el caso de la clase obrera de Los Angeles que se está organizando masivamente a través de las huelgas de los empleados de limpieza, transporte, municipales, del vestido y en otras áreas de este poderoso centro industrial. Los Angeles es el lugar de nacimiento de una clase trabajadora nueva, joven, no derrotada, militante y predominantemente immigrante. La perspectivas para los trabajadores y los oprimidos - y por lo tanto para los socialistas - lucen mucho más promisorias en el medio de una "Democracia" desacreditada, un presidente que la mitad del país considera ilegítimo, un congreso dividido por la mitad, presionado desde la derecha y desde la izquierda y de luchas crecientes por parte de la juventud. Sin duda alguna, estamos a años luz de los años oscuros de la década del 90'. |
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